sábado, 26 de febrero de 2011

La princesa Ana

La entrada de Nusky me ha hecho recordar una historia infantil que leí hace no mucho. Como el que ella compartió con nosotros, este cuento tiene un final poco habitual entre los cuentos infantiles. Sin embargo, este es un final feliz... o mejor dicho, un comienzo feliz...

La princesa Ana había sido una niña muy feliz. Su padre, el Rey Andrés, y su madre, la Reina Elena, siempre la habían querido mucho. A la princesa la educaron pensando que un día, cuando fuese mayor, llegaría a ser reina. Le decían cosas como:
- El día que llegues a ser reina tendrás que respetar a tu pueblo, igual que hacemos nosotros ahora. Unos serán pobres, otros más ricos… Unos serán más inteligentes, otros no tanto… Unos serán rubios y otros morenos… Porque en realidad todos somos diferentes… ¿Verdad que tú y yo no somos iguales?... Yo soy más alto y tú más pequeña… Pero nada de esto significa que nadie sea mejor que otro… Todos podemos ser grandes personas, con todas nuestras diferencias…
La vida de la princesa Ana transcurría apaciblemente entre sus clases y sus juegos, rodeada de sus padres y abuelos, de profesores y sirvientes, de amiguitos y mascotas. A Ana le gustaban mucho los animales y siempre que había visto alguno perdido o desamparado lo había recogido con cuidado, alimentado… y sobre todo, lo había querido mucho.


Tenía tres gatos que, aunque eran muy desobedientes, la adoraban… Tenía dos pajaritos que eran hermanito y que se cayeron de un nido del jardín un día de tormenta. Tenía un perro enorme que jugaba mucho con los gatos y un ratoncito que salía de su agujero para saludarla siempre que no estaban ni el perro ni los gatos. Y en el estanque del jardín, un montón de peces de colores que, cuando la veían pasar cerca de la orilla, la seguían a donde fuese, formando preciosos arco iris de diferentes formas. En el estanque también había una ranita a la que le gustaba estar sentada sobre las hojas de los nenúfares, desde donde observaba a la princesa en sus juegos y paseos.


La princesa también era muy aficionada a los cuentos y solía sentarse en la orilla a leer hermosas historias a sus pececillos, sus nenúfares y su ranita. Ella siempre pensó que sus animalitos la entendían, estaba segura de ello, y por eso, además de leerles les hablaba de lo que sentía, de lo que le gustaba, les contaba qué le habían enseñado de nuevo sus profesores y todo lo que se le ocurría y pasaba por la cabeza.


Ana fue creciendo y de ser una niña pasó a ser una jovencita. Un día su padre la llamó y le dijo:
- Ana, ya empiezas a ser mayor y hay que pensar que tenemos que buscar un príncipe, como es tradición, para casarte con él y reinar el día de mañana.
Ana escuchaba a su padre, pero no sabía por qué esas palabras la hacían sentir tan triste… Él siempre había querido el bien para ella.


Sus padres le contaban que apuestos jóvenes se acercaban a palacio para pedir su mano. Le pedían su opinión, pero Ana no contestaba y sólo tenía ganas de llorar. Solía irse al estanque y hablarle a sus peces y a su ranita. Los peces, para animarla, se ponían de acuerdo y entre todos le hacían bailes dentro del agua y la ranita le hablaba en el idioma de las ranas, que con el tiempo Ana acabó entendiendo.


La ranita le decía que se animase, que seguro que el príncipe con el que se casaría la querría mucho y que acabarán siendo felices, pero Ana seguía desconsolada y le contestaba que ella no quería casarse con ningún príncipe.


Transcurrieron muchos meses en la misma situación y Ana cada día estaba más triste. Siempre se iba al estanque a hablar con su dulce y cariñosa ranita.


Un día, al borde del desconsuelo y con lágrimas en los ojos, le dijo:
- Mira ranita, yo no me quiero casar con ningún príncipe y, si me tuviera que casar con alguien, lo haría contigo.
La ranita se quedó muy sorprendida porque jamás había podido imaginar que esa jovencita a la que conocía desde que era una niña y a la que quería tanto, pudiese decirle algo así, y le contestó:
- Me alegro mucho de oírte decir eso, Ana. Y en tus manos está que hagas tu sueño realidad… Podrías empezar, por ejemplo, dándome un beso, ¡a ver qué ocurre!
Ana se agachó, cerró los ojos y con mucha ternura le dio un beso. Cuando volvió a abrirlos se encontró que en lugar de la ranita había una hermosa joven. Por primera vez, y tras mucho tiempo de tristeza, Ana sintió que una gran alegría le inundaba el corazón y después de tanto llorar por fin empezaba a sonreír.
- No sufras más, Ana – le dijo -. A partir de ahora yo cuidaré de ti, nos casaremos y reinaremos juntas.
Cogidas de la mano, fueron a hablar con los Reyes. Ana les contó cómo se habían conocido y cuánto se querían.
- Yo amo a esta joven y pienso casarme con ella, no con ningún príncipe de los que han pedido mi mano.
Todos se quedaron muy sorprendidos de lo que Ana estaba diciendo, sobre todo su madre, la Reina Elena, que no podía creer lo que estaba oyendo:
- Ana, no puedes casarte con una joven, tienes que casarte con un caballero, como lo manda la tradición.
Pero el Rey Andrés, al ver los ojos de felicidad de su hija y tras haberla visto sufrir durante tanto tiempo, decidió que había llegado la hora de cambiar la tradición y a partir de ese momento permitió que todas las personas de su reino pudieran elegir libremente con quién casarse.


Al poco tiempo, Ana y la que había sido su ranita, que ahora era una hermosa mujer, se casaron…


Y en la historia de todos los tiempos fue éste el primer Reino en el que reinaron dos Reinas… y dos Reinas que, como también eran las personas más felices de este mundo, hicieron felices a todos los que las rodeaban y a todo el pueblo sobre el que reinaron.



Como este de Luisa Guerrero, la ONG por la NO discriminación está editando muchos cuentos infantiles con temática homosexual. Afirman que "La base de toda sociedad son los valores que se siembran en la infancia y se desarrollan en la persona a medida que se convierte en adulto. Que el niño crezca con unos valores de NO DISCRIMINACIÓN por razones de orientación o identidad sexual, raza, religión, estatus social, discapacidad... es esencial para formar personas íntegras. Nadie es superior o inferior a nadie por el hecho de ser diferente. La diferencia nos hace únicos como seres humanos y eso ya por sí mismo es un valor impagable."

Este es un tema muy debatido en la actualidad, pero... ¿qué opináis vosotros? ¿Daríais a vuestr@ hij@ un libro de este tipo?

2 comentarios:

  1. yop, que bonito! claro que se lo daría a leer a mis hijos, para que vean que su tito Lulu y su pareja y su tita Mábel y su pareja, aparte de personas maravillosas tienen los mismo derechos que ellos y los mismos que yo.
    Te quiero bonico!

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  2. que cuento mas potito !!!!!!!!!!!!
    me ha encantado ^^ en un futuro no muy lejano cuando sea profe aprovechare la hora de la samblea para leerles cuentos como estos a mis niños comenzando por este que es preciosisisisimo.

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